Portugal es conocido por su arte de azulejos, que combina tradición morisca, innovación flamenca y un ingenio único. El uso de azulejos se popularizó en el siglo XVI, adoptando técnicas como la cuerda seca y el aresta. La producción de azulejos comenzó a consolidarse en Lisboa durante la segunda mitad del siglo XVI, impulsada por la llegada de artesanos flamencos. El panel Nossa Senhora da Vida, compuesto por 1.498 azulejos, es un ejemplo emblemático. El azulejo se convirtió en símbolo de Portugal en el siglo XVII, con paneles monumentales que se aplicaban en revestimientos totales, combinando módulos de 2x2, 4x4 o incluso 12x12. Los colores predominantes eran el azul, verde y amarillo, con variantes en azul sobre blanco. Los azulejos tenían un propósito funcional y didáctico, comunicando mensajes religiosos o sociales. Hoy, los azulejos son testigos de la historia, guardianes de la identidad y expresión de un arte que ha hecho de Portugal un país reconocible a primera vista.