La civilización Wari, que prosperó entre los años 600 y 1000 de nuestra era, utilizaba una cerveza con propiedades alucinógenas para resolver disputas y sellar acuerdos. Los investigadores Jacob Keer y Justin Jennings descubrieron que los Wari añadían semillas de Anadenanthera colubrina, conocida como vilca, a su cerveza de bayas de molle. Esta bebida generaba sensaciones de apertura y empatía entre los participantes de los festines oficiales, lo que favorecía la cohesión del imperio. Los banquetes se desarrollaban en patios cerrados y eran actos políticos que afianzaban el poder imperial. La cerveza funcionaba como herramienta diplomática y mecanismo de integración. Los Wari consolidaron su dominio sobre amplias zonas de los Andes sin un sistema bélico permanente, gracias a las alianzas selladas en los banquetes. Las sustancias sagradas desempeñaban un papel político y emocional dentro del imperio. El hallazgo de las semillas en Quilcapampa reforzó la idea de que las sustancias psicotrópicas desempeñaban funciones sociales concretas.