Investigadores han confirmado que los niños mayas también llevaban incrustaciones de jade en los dientes, una tradición que hasta ahora se creía reservada a los adultos. El estudio de piezas del Museo Popol Vuh en Guatemala revela que la ornamentación dental formaba parte de la identidad y la espiritualidad desde la infancia. Los restos analizados corresponden a tres dientes permanentes de niños mayas del Período Clásico (250-900 d.C.), cada pieza presentaba una incrustación circular de jade, cuidadosamente pulida y encajada en la corona. Radiografías y tomografías confirmaron que los dientes fueron perforados cuando los niños estaban vivos, lo que demuestra que la intervención era un rito temprano y no un adorno póstumo. El diámetro de las incrustaciones alcanzaba hasta 3,2 mm, con profundidades cercanas a 2,8 mm. Los mayas usaron un cemento vegetal con propiedades antibacterianas y antiinflamatorias que protegía la boca y aseguraba la permanencia de las piedras. La presencia de estas incrustaciones dentales en niños indica que la identidad cultural se transmitía a través del cuerpo desde la infancia, combinando estética, resistencia física y pertenencia espiritual.