Tirinto, una ciudad micénica, fue construida sobre un afloramiento rocoso de casi treinta metros, dominando la llanura de Argólida y el golfo de Nauplia. La ciudad se transformó en una acrópolis monumental durante el Heládico Tardío, entre los siglos XIV y XIII a. C. El Gran Megarón, el palacio real, tenía una sala principal presidida por un hogar circular rodeado de columnas. La ciudad alcanzó su apogeo entre los siglos XIII y XII a. C., con murallas ciclópeas de hasta siete metros de grosor y un sistema hidráulico avanzado. Un gran terremoto destruyó el palacio principal y parte de las murallas hacia el 1200 a. C., pero la ciudad fue reconstruida y volvió a llenarse de vida. El arqueólogo Heinrich Schliemann excavó Tirinto en el siglo XIX y encontró un laberinto de pasillos, escaleras y muros gruesos. La ciudad sigue en pie, con el viento del golfo pasando entre sus piedras y el sol del Peloponeso iluminando los muros ciclópeos.