La celebración de Todos los Santos se remonta a la antigua fiesta celta de Samáin o Samhain, que se celebraba entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre. Con el surgimiento del cristianismo, la fiesta se vinculó a la celebración de difuntos y mártires. En el año 609, el papa Bonifacio IV estableció la fecha del 13 de mayo para la celebración, pero no fue hasta el siglo VIII que el papa Gregorio III la estableció en el 1 de noviembre. La celebración se extendió a toda la comunidad cristiana en el año 837, ordenada por el papa Gregorio IV. La fiesta se mezcló con ritos indígenas en América, dando lugar al Día de los Muertos en México, y la emigración irlandesa a Estados Unidos promovió la celebración de Halloween. La fecha del 1 de noviembre se estableció para abandonar los ritos paganos y sincronizar la celebración con la religiosa cristiana.