En internet, surge un nuevo fenómeno llamado 'hombre performativo', que se caracteriza por una estética cuidadosamente curada que incorpora elementos de sensibilidad emocional y feminismo escenificado. Esto incluye disfrutar del matcha, leer autoras como Sally Rooney o Joan Didion, escuchar a Clairo y Laufey, llevar ropa oversize con estética vintage, comprar vinilos, accesorios como tote bags o labubus y escuchar música con auriculares con cable. Sin embargo, este arquetipo no surge de un compromiso profundo con los valores feministas, sino que se trata de una puesta en escena diseñada para seducir. La Generación Z valora la autenticidad y detecta con facilidad la instrumentalización del feminismo. El 43% de la Generación Z se siente pobre debido a las redes sociales. El fenómeno ha generado debate, con algunas voces interpretándolo como una forma inofensiva de humor y otras considerándolo como una trivialización de la lucha feminista. En última instancia, es una parodia que refleja la fascinación contemporánea por las identidades performativas y una crítica implícita a la superficialidad que se promueve en internet. Casey Lewis, escritora y fundadora del boletín After School, afirma que 'muchas veces no saben de qué hablan'. Se han organizado concursos satíricos en ciudades como Seattle o Nueva York, y el fenómeno ha ganado popularidad en redes sociales como TikTok.