En 2015, Escocia lanzó la ruta North Coast 500 para revitalizar las Highlands mediante el turismo. La ruta, que mide 830 kilómetros, generó un aumento del 26% en visitas a centros de información turística y un 30% en atracciones locales en sus primeros años. En 2018, se calculó que la ruta generaba más de 22 millones de libras anuales para la región. Sin embargo, el éxito trajo consigo consecuencias no deseadas, como la llegada masiva de caravanas y autocaravanas que desbordaron las carreteras precarias y pueblos poco preparados, convirtiéndolos en un infierno sonoro. La falta de infraestructuras básicas derivó en vertidos de basura y desechos humanos en propiedades privadas y en la intromisión constante en hábitats frágiles. Los accidentes aumentaron, y los datos oficiales muestran un repunte de colisiones graves provocadas por turistas estadounidenses. La ruta se ha convertido en un problema para los residentes, que ven alterado su ritmo de vida por la convivencia diaria con caravanas aparcadas en las ventanas de las casas y campistas talando árboles para hacer fuego. La situación ha llevado a que el NC500 figure en la lista negra de destinos de Fodor's Travel, que lo desaconseja por 'popularidad insostenible'.