Lanuza, un pueblo en el Pirineo aragonés, fue abandonado en la década de 1970 debido a la construcción del embalse del Gállego. Sin embargo, a finales de los 90, antiguos vecinos regresaron para restaurar y reconstruir las casas, respetando la arquitectura original. Hoy, Lanuza es un destino turístico que combina naturaleza, historia y cultura, con actividades como el Festival Internacional Pirineos Sur, que atrae a miles de visitantes. El pueblo ha renacido, convirtiéndose en un paraíso natural que atrae a turistas de todo el mundo. La recuperación de las tradiciones locales y la restauración de monumentos como la Iglesia del Salvador han hecho de Lanuza un lugar lleno de vida y cultura. En 1980, la construcción de la presa inundó la mayor parte de las tierras, pero los edificios de Lanuza no desaparecieron por completo. La comunidad se unió para restaurar y reconstruir las casas, utilizando piedra, madera y pizarra. Lanuza es un ejemplo de cómo la unión y el esfuerzo colectivo pueden transformar un pueblo olvidado en un destino turístico de renombre.