Zaragoza, fundada por los romanos como Caesaraugusta, es una ciudad con gran patrimonio histórico. El Patio de la Infanta, un rincón renacentista, nunca fue de una infanta. Fue construido por Gabriel Zaporta, un banquero judeoconverso, como regalo de bodas para su segunda esposa, Sabina de Santángel, en el siglo XVI. El patio es una obra de arte renacentista decorada con bustos de reyes, emperadores y amantes célebres, y representa la carta astral del día de su boda. En el siglo XVIII, el palacio albergó la Real Sociedad Económica de Aragón y más tarde, la Real Academia de Bellas Artes de San Luis. La llegada de la infanta María Teresa de Vallabriga lo convirtió en un punto neurálgico para intelectuales y artistas de la época. Tras un incendio en 1894, el edificio fue demolido y el patio vendido a un anticuario francés, quien lo reconstruyó en París. En 1958, Ibercaja lo recuperó por 30 millones de francos y lo repatrió a Zaragoza. Ahora, el Patio de la Infanta puede visitarse en la sede de Ibercaja, en la Plaza Paraíso. La historia del patio es fascinante y llena de símbolos, historia y pasión.