Las flores frescas suelen marchitarse en pocos días, pero existen técnicas para secarlas y conservar su belleza. El secado al aire en espacios oscuros y bien ventilados es uno de los métodos más efectivos, ya que evita la decoloración provocada por la luz solar directa. Otra opción es el uso de materiales absorbentes como la arena o el gel de sílice, que extraen la humedad sin dañar la estructura de los pétalos. El prensado es otra alternativa, especialmente indicada para flores pequeñas o de pétalos planos. Se necesitan materiales como hilo o cuerda fina, tijeras de poda, gel de sílice, caja de cartón o recipiente hermético, ganchos o perchas, papel absorbente y libros pesados. El tiempo de secado varía según el método elegido, pero se aconseja paciencia y cuidado. Con las condiciones adecuadas, es posible preservar la belleza original de cada ejemplar.