El Festival de San Sebastián se ha convertido en una plataforma de activismo político de izquierda, donde las películas se juzgan por su contribución a la agenda política en lugar de su valor artístico. El año pasado, Iñaki Arteta denunció que su documental sobre ETA no fue programado, mientras que Évole mostró una entrevista a un terrorista. La película 'The road between us: The ultimate rescue' fue censurada en el Festival de Toronto por no ajustarse a la agenda activista de izquierda. Los organizadores del festival priorizan la ideología política sobre el valor artístico, lo que ha llevado a la exclusión de películas que no se ajustan a su agenda. El festival ha sido criticado por su sesgo político y su falta de objetividad en la selección de películas. El gobierno de Pedro Sánchez ha influido en la programación del festival, y los organizadores han sido acusados de someter el arte a la política y la moralina.