La dinastía merovingia, que gobernó Francia durante más de dos siglos, utilizó su cabello como símbolo de poder y autoridad. El origen de los Merovingios se remonta al siglo V d.C., cuando el líder semilegendario Meroveo dio nombre a la dinastía. Su nieto, Clodoveo I, transformó a la familia en una potencia capaz de someter tribus vecinas y forjar un pacto con la Iglesia cristiana. La melena merovingia se convirtió en un emblema de virilidad, fuerza y derecho a gobernar. Cortar el cabello a un rey Merovingio era equivalente a destronarlo, y monasterios enteros recibieron a príncipes despojados de su cabello y poder. La dinastía logró mantener su poder hasta el siglo VIII, cuando fueron reemplazados por los carolingios. La historia de los Merovingios demuestra que la política era también un espectáculo visual en la Edad Media, y que la imagen que proyectaba un rey era tan importante como sus conquistas o alianzas.