La Inquisición portuguesa persiguió a dos mujeres indígenas, Mónica e Íria, en el siglo XVI. Mónica, una mujer akan nacida en Ghana, fue acusada de emplear remedios curativos indígenas y hacer "hechizos" en 1556. Íria, una mujer tupinambá esclavizada en Brasil, fue denunciada por su participación en el movimiento espiritual y político indígena de la Santidade de Jaguaripe en 1593. Ambas mujeres se enfrentaron a procesos inquisitoriales y fueron declaradas culpables. La investigación de Jessica O'Leary demuestra que la represión de las prácticas tradicionales no respondió a una lucha contra la herejía, sino al miedo al poder social de los saberes femeninos indígenas. Las mujeres indígenas preservaban, practicaban y transmitían los saberes tradicionales en un mundo atravesado por el colonialismo, la esclavitud y el catolicismo imperial. La investigación se centra en la conexión entre la brujería y el colonialismo, y cómo las mujeres indígenas fueron perseguidas por su conocimiento y prácticas tradicionales.