La serie de Dragon Ball Z, producida por Toei Animation, requería un proceso de animación laborioso y artesanal hace más de 30 años. Los episodios se creaban mediante storyboards, corregidos y desarrollados con fondos, música, efectos y voces. Los directores adaptaban cada escena, estableciendo planos y ritmo, y los animadores dibujaban las escenas y desarrollaban los fondos. El proceso de corrección involucraba la superposición de dibujos con anotaciones y la colaboración entre artistas y supervisores. La animación principal se realizaba con dibujos detallados, mientras que otros animadores completaban las secuencias para dar fluidez a los gestos y agilidad a las acciones. El proceso de animación ha evolucionado enormemente desde entonces, con la adopción de técnicas digitales y la automatización de los storyboards. A pesar de los cambios, la serie sigue siendo recordada con cariño por generaciones enteras. La producción de un solo capítulo requería más de 20 minutos de contenido, y el proceso de creación era extremadamente lento y laborioso.