La basílica de Santa Sofía, construida en el año 537, se enfrenta a un deterioro profundo que podría desembocar en una de las mayores pérdidas culturales del mundo moderno. Los expertos advierten que la estructura milenaria se encuentra en un estado de vulnerabilidad alarmante, con un subsuelo debilitado y una cúpula principal que se apoya sobre columnas inclinadas. La falta de transparencia en las decisiones sobre el edificio y la ausencia de una estrategia internacional de conservación han generado preocupación. La UNESCO declaró a Santa Sofía Patrimonio Mundial en 1985, pero la restauración actual se realiza sin un calendario claro ni participación de organismos internacionales. El edificio sigue abierto al público, lo que aumenta la presión sobre su ya frágil estructura. Los expertos coinciden en que se requiere un plan de gestión racional y una intervención estructural integral para evitar el colapso. La basílica ha sobrevivido a terremotos, guerras y transformaciones políticas, pero podría no sobrevivir a la indiferencia. La restauración actual incluye la revisión del estado de la cúpula principal, el refuerzo de las bóvedas secundarias y la inspección de los soportes internos. Sin embargo, la falta de consenso y la inacción podrían ser el verdadero enemigo de Santa Sofía.