Europa lleva tres años trabajando para aislarse del gas ruso. Dos países han decidido construir un gaseoducto directo a Rusia
La Unión Europea ha estado trabajando para reducir su dependencia del gas ruso desde la invasión de Ucrania en 2022. A pesar de esto, dos países, Hungría y Eslovaquia, han decidido mantener sus importaciones de gas ruso. En agosto de 2025, estos países importaron más de 690 millones de euros en crudo y gas ruso. La Comisión Europea ha impuesto sanciones y restricciones a las importaciones de gas ruso, pero Hungría y Eslovaquia han encontrado formas de mantener sus conexiones con Moscú. La ruta del TurkStream, que pasa por Turquía y el Mar Negro, es una de las formas en que estos países están manteniendo sus importaciones de gas ruso. La Unión Europea ha establecido un objetivo de eliminar las importaciones de gas ruso para 2027, pero la decisión de Hungría y Eslovaquia de mantener sus importaciones plantea un desafío a este objetivo. Los expertos argumentan que existen alternativas técnicas para reducir la dependencia del gas ruso, pero la negativa de estos países a hacerlo es en gran medida política. La compañía MOL, cercana al Gobierno de Orbán, ha cosechado beneficios gracias a la diferencia de precios entre el crudo ruso Urals y el Brent. La decisión de Hungría y Eslovaquia de mantener sus importaciones de gas ruso ha generado tensiones con la Unión Europea y ha planteado un desafío a la estrategia de autonomía energética de la región.
...es un ejemplo perfecto de cómo la política y la economía pueden ser más importantes que la lógica y el sentido común. La decisión de Hungría y Eslovaquia de mantener sus importaciones de gas ruso es un golpe a la estrategia de autonomía energética de la Unión Europea, y muestra cómo la codicia y el interés propio pueden prevalecer sobre el bien común. Es como si estuvieran diciendo: 'No nos importa que el gas ruso sea un problema, nosotros queremos nuestro pedacito de pastel'. La ironía es que, al mismo tiempo, la Unión Europea está tratando de reducir su dependencia del gas ruso, Hungría y Eslovaquia están encontrando formas de mantener sus importaciones. Es un ejemplo clásico de cómo la política puede ser un juego de intereses y poder, donde la lógica y el sentido común son solo un lujo que pocos pueden permitirse.