El almacenamiento de datos en ADN sintético permite guardar información digital en una forma extremadamente compacta y duradera. Un gramo de ADN puede almacenar hasta 215.000 terabytes de datos, lo que supera con creces la capacidad de almacenamiento de discos duros y cintas magnéticas. El proceso implica convertir los datos en secuencias de nucleótidos, sintetizarlas químicamente y almacenarlas en estructuras protectoras. La tecnología ha avanzado en la última década, con proyectos como el de George Church, que codificó un libro completo en ADN en 2012, y la startup Catalog, que desarrolla un sistema para escribir hasta 1 terabyte por día. La ventaja del ADN es su durabilidad y eficiencia energética, ya que puede conservarse durante miles de años sin necesidad de electricidad. Sin embargo, el costo y la velocidad de escritura y lectura son obstáculos actuales. Empresas como Microsoft y la Universidad de Washington han logrado almacenar 200 MB con acceso aleatorio eficiente. El proyecto Lunar Library ha enviado al espacio archivos culturales codificados en ADN para conservarlos por milenios. En teoría, sería posible almacenar toda la información digital generada por la humanidad en unos cientos de gramos de ADN.