En 1992, Steve Jobs fue invitado al MIT para inspirar a estudiantes. En su charla, criticó a los consultores delante de cientos de ellos, argumentando que carecen de autonomía, espacio para el fracaso y oportunidades de crecimiento real. Jobs había dejado Apple y estaba en plena era NeXT, que no estaba yendo bien económicamente. Comparó la experiencia de los consultores con una pared llena de fotos de frutas, diciendo que nunca obtienen una experiencia tridimensional. Jobs no criticaba la consultoría en sí, sino a los consultores que se limitan a hacer cambios superficiales sin involucrarse en el propósito real de los proyectos. Quería convencer a los futuros consultores de que se involucraran de verdad en cada proyecto y creyeran en lo que hacían. Jobs siempre aplicó esta filosofía en Apple, metiéndose en todo, desde el diseño de los productos hasta los detalles del packaging.