Empresas como Anthropic, Google DeepMind, Microsoft, Meta y OpenAI están llevando a cabo una carrera contrarreloj en el desarrollo de la inteligencia artificial, con jornadas laborales de entre 80 y 100 horas semanales. Esto se debe a la presión por dominar la IA y la competencia feroz en el sector. Algunos investigadores justifican estas jornadas como una elección personal o una etapa histórica, pero detrás hay una presión evidente por acelerar el desarrollo. Las compañías están invirtiendo cantidades ingentes de dinero, como Meta, que ha ofrecido compensaciones de 1.000 millones de dólares para fichar a un equipo de superinteligencia. OpenAI también está depositando todas sus esperanzas en alcanzar la inteligencia artificial general (AGI) pronto. En contraste, experimentos laborales han demostrado que trabajar menos puede mejorar la productividad, como en el caso de Microsoft Japón, que redujo su semana laboral a cuatro días y registró un aumento del 40% en productividad. Sin embargo, el ecosistema de la IA parece moverse en la dirección opuesta, hacia un modelo de trabajo extremo.