Un estudio sobre el comportamiento de 25 pulpos en hábitats del Caribe y España registró más de 6.800 deformaciones en sus brazos, concluyendo que todo movimiento se basa en cuatro gestos fundamentales: acortar, alargar, doblar y torsionar. Estos movimientos generan 12 gestos distintos y una versatilidad casi ilimitada. Los pulpos poseen miles de neuronas distribuidas en sus brazos y ventosas, lo que les permite responder de forma autónoma y veloz ante estímulos del entorno. La robótica blanda busca imitar esta estrategia, diseñando robots inspirados en pulpos que podrían entrar en cavidades del cuerpo humano para cirugías mínimamente invasivas o explorar fondos marinos con autonomía. El control distribuido reduce la carga computacional, y la combinación de movimientos simples facilita algoritmos más eficientes. Los investigadores señalan que el pulpo es un manual viviente para la robótica del futuro, con retos como reproducir la textura muscular y diseñar sistemas energéticos duraderos.