La robótica cognitiva busca dotar a las máquinas de habilidades similares a las humanas, como percibir, recordar, anticipar o aprender de la experiencia. Sin embargo, expertos advierten que el verdadero avance no está en imitar a los humanos, sino en complementarlos. La clave no es diseñar clones, sino aliados capaces de cubrir nuestras carencias, desde la fatiga hasta los sesgos cognitivos. Los robots que imitan a los humanos pueden heredar sus debilidades, como la atención sostenida que se desploma con el tiempo, los sesgos que afectan la toma de decisiones y el cansancio que merma el rendimiento. En cambio, los robots con superpoderes físicos, cognitivos y comunicativos pueden aportar lo que el humano no puede, como precisión constante, resistencia al dolor y a la fatiga, paciencia infinita, foco sostenido y ausencia de ego. La tecnología ya está disponible, pero falta diseñar desde las necesidades de las personas. Los robots que potencien la seguridad, el bienestar y la eficiencia deben ser evaluados por el impacto real que generan en nuestras vidas, no por lo "casi humanos" que parecen.