Un fallo de diseño en la función 'Compartir' de ChatGPT permitió que ciertas conversaciones fueran indexadas por los motores de búsqueda, revelando que algunos usuarios le pedían al chatbot que realizara trabajos turbios. Un caso destacado involucró a un usuario italiano que afirmó ser abogado de un grupo multinacional del sector energético y preguntó cómo obtener el precio más bajo posible en las negociaciones con una comunidad indígena amazónica. Otra conversación mostró a una persona que utilizaba ChatGPT para explorar escenarios en los que colapsara el gobierno de Estados Unidos. El investigador Henk van Ess, director del boletín Digital Digging, informó sobre estas interacciones y cómo OpenAI ya eliminó la opción de hacer públicas las conversaciones. Los registros siguen disponibles, incluidos muchos que fueron archivados por el sitio Archive.org. La situación recuerda a los primeros días de los asistentes de voz, cuando se descubrió que grabaciones de conversaciones privadas se usaban para entrenar sistemas de reconocimiento y transcripción. La diferencia es que los chats generan un ambiente mucho más íntimo y permiten que las personas se expresen con mayor profundidad.