El crecimiento de los modelos de inteligencia artificial generativa ha generado un nuevo frente legal. La alimentación masiva de datos para entrenar a la IA ha llevado a la discusión sobre el uso de obras protegidas y la creación de contenido que imita a los originales. La figura del 'uso justo' permite reutilizar material protegido, pero se vuelve delicada cuando los resultados se asemejan demasiado a los originales. La profesora Pamela Samuelson explica que usar obras para entrenar un modelo es diferente a copiarlas, pero cuando el resultado es una imagen reconocible, la situación se vuelve más complicada. La responsabilidad legal no recaería solo sobre las empresas desarrolladoras de IA, sino también sobre los usuarios. El caso de OpenAI y su relación con el copyright es solo un síntoma de un problema más amplio: la legislación va varios pasos por detrás del desarrollo tecnológico. La creatividad automatizada plantea preguntas profundas sobre propiedad intelectual, libertad de expresión y responsabilidad. El personaje de SpongeBob, propiedad de Nickelodeon, ha generado más de 16.000 millones de dólares en ventas minoristas desde su creación. La propia OpenAI tuvo que intervenir para prohibir los deepfakes de Martin Luther King Jr.