Steve Francia, ingeniero con décadas de experiencia en empresas como Google y MongoDB, afirma que la elección de un lenguaje de programación no se basa en criterios técnicos, sino en la identidad del programador. Un ejemplo es la startup Takkle, que cambió de PHP a Perl y perdió su oportunidad en el mercado. Francia también menciona un caso en el que un vicepresidente de ingeniería propuso migrar a Rust un proyecto de 50 millones de dólares sin considerar alternativas. La neurociencia ha demostrado que cuando se desafían creencias centrales de nuestra identidad, nuestro cerebro reacciona como si estuviera siendo atacado físicamente. El costo invisible de la identidad puede ser enorme, con estudios que estiman que los ingenieros dedican el 42% de su tiempo a gestionar deuda técnica. Francia propone un cambio de paradigma, preguntándose '¿Cuánto nos costará esta decisión?' en lugar de '¿Qué lenguaje es mejor?'