Desde finales de 2022, la revolución de la inteligencia artificial ha llevado a una avalancha de demandas en Estados Unidos. OpenAI y Anthropic han sido las primeras en enfrentar demandas por el uso de obras protegidas y responsabilidad civil, con costes millonarios. Las aseguradoras están empezando a darles la espalda debido a la incapacidad para medir los riesgos de la IA. OpenAI ha contratado a Aon para diseñar una cobertura de 300 millones de dólares, pero las aseguradoras reconocen que no tienen capacidad suficiente para proteger a los proveedores de modelos a gran escala. Las empresas de IA están buscando refugio en sí mismas, considerando reservar fondos de inversores o crear aseguradoras propias. El impacto va más allá de OpenAI y Anthropic, con startups y proveedores más pequeños notando cómo suben las primas y se reducen las coberturas. La incertidumbre jurídica se ha convertido en un coste fijo más, y las aseguradoras tratan los riesgos de la IA como potencialmente catastróficos.