La robótica vestible ha encontrado su propósito en hospitales, fábricas y deporte, donde la tecnología se fusiona con el cuerpo humano para redefinir lo que significa moverse. El concepto de exoesqueletos no es nuevo, ya que en 1890 el ingeniero ruso Nicholas Yagn patentó un aparato mecánico para facilitar el caminar y saltar. Sin embargo, no fue hasta la llegada de la microelectrónica que esta tecnología comenzó a avanzar. En 2024, el programa Medicare estadounidense reconoció oficialmente los exoesqueletos personales como aparatos ortopédicos, marcando un antes y un después en la concepción del cuerpo asistido. Empresas como Ekso Bionics y Sarcos Robotics han adaptado la tecnología al trabajo industrial, reduciendo lesiones y mejorando la ergonomía. Además, startups como Hypershell han desarrollado exoesqueletos para el rendimiento físico, como el X Ultra, que asiste caminatas y travesías con sensores que ajustan la potencia según la pendiente. Nike ha desarrollado un prototipo de zapatilla motorizada que impulsa el movimiento del pie y reduce el esfuerzo al correr, mostrando una mejora de hasta 2 km/h en velocidad media.