En los 90, Apple se enfrentaba a problemas financieros y una cuota de mercado en descenso. Para expandir su base de usuarios, permitió que otros fabricantes crearan clones de sus Mac. El objetivo era no invertir en producción de hardware, pero los clones amenazaron la imagen de la marca y la experiencia de usuario. Los primeros clones llegaron sin licencia, como el Unitron 512, y Apple los retiró tras represalias legales. Luego, Apple firmó acuerdos con empresas como UMAX y Power Computing para crear clones oficiales. Sin embargo, la calidad de los clones fue un problema y generó tensiones internas en Apple. Steve Jobs, al regresar a Apple en 1997, decidió terminar con los clones y recompró las licencias a los fabricantes. En 1998, Apple lanzó el icónico iMac G3, sin clones, y el resto es historia. Los clones de Mac canibalizaron las ventas de los Mac originales y afectaron la imagen de la marca.