En Barcelona, un autobús de la línea V3 ha estado funcionando durante cinco años con un combustible renovable generado a partir de residuos humanos, gracias al proyecto 'Nimbus', una colaboración entre Veolia, Transportes Metropolitanos de Barcelona y la Universidad Autónoma de Barcelona. El proyecto ha conseguido transformar cuatro metros cúbicos de lodo por hora en biometano de alta pureza, que emite un 80% menos de dióxido de carbono que el gas natural tradicional. El objetivo es escalar la producción para hacerla más eficiente y reducir costes, con un presupuesto de más de once millones de dólares financiado por la Unión Europea. El proyecto SEMPRE-BIO busca ampliar la producción de biometano para dos líneas de autobús y reducir los costes de inversión y explotación. El biometano es una alternativa a los autobuses eléctricos, especialmente para rutas de la periferia que requieren una alta capacidad de pasajeros y autonomía.