La preservación digital a largo plazo es un desafío debido a la obsolescencia de los dispositivos y formatos. Los discos duros y SSD no están diseñados para conservar datos durante más de unos pocos años, con tasas de fallos anualizadas del 1,57% y 4,5% respectivamente. La cinta magnética, como LTO, ofrece durabilidad estimada de décadas y un coste competitivo. El mercado de LTO creció un 15,4% interanual en 2024, con 176,5 EB de capacidad comprimida. Los discos WORM y el papel permanente también son opciones viables. La obsolescencia es un gran enemigo, por lo que las instituciones planifican migraciones de formato. Tecnologías como Project Silica de Microsoft y el almacenamiento en ADN están en desarrollo. La conservación a largo plazo requiere presupuesto, responsables y objetivos medibles. Gobiernos y organizaciones tienen planes en marcha para conservar la información a largo plazo.