Thomas Delaney, un trabajador irlandés, fue despedido después de quejarse a Recursos Humanos sobre sus frustraciones laborales mientras estaba de baja por estrés. La conversación fue grabada por el jefe de personal y compartida con el director general, quien decidió despedirlo. Delaney llevaba ocho años en la empresa y ganaba casi 60.000 euros anuales. La sentencia concluyó que el empleado despedido debe recibir una indemnización de 10.000 euros. El trabajador argumentó que no se le brindó la oportunidad de participar en la investigación ni en la audiencia disciplinaria. El juez consideró que la empresa no le dio la oportunidad de responder a las acusaciones. Delaney perdió 1.085 euros brutos semanales durante 14 semanas de desempleo. La empresa alegó que la relación laboral con el denunciante era irrecuperable y que el despido era la única solución.