Los niños creen en los adultos y en lo que les muestran, les dicen y les prometen. Esta confianza primaria es fundamental para su desarrollo y supervivencia emocional. Sin embargo, cuando esta fe se traiciona, las consecuencias pueden ser graves y duraderas, manifestándose en la adultez como inseguridad, culpa o miedo al rechazo. La credulidad infantil es una estrategia de supervivencia emocional, y los adultos tienen la responsabilidad de cuidar y validar esta confianza. La forma en que los adultos interactúan con los niños puede influir en su capacidad para confiar en sí mismos y en los demás. Es importante escuchar y validar las emociones y necesidades de los niños para construir una sociedad más justa. La confianza es una declaración silenciosa de quiénes somos como sociedad, y es fundamental para el desarrollo emocional y social de los niños.