La ciudad de Sevilla sufrió una gran inundación el 24 de noviembre de 1961, cuando el arroyo Tamarguillo rebasó sus límites y anegó un tercio del núcleo urbano. Unas 150.000 personas se vieron afectadas y más de 4.000 hogares quedaron inutilizables. La ciudad quedó partida en dos por una lámina de agua que alcanzó tres metros en algunas zonas. La Operación Clavel, organizada por Manuel Zuasti y el periodista Bobby Deglané, movilizó a miles de personas para ayudar a los afectados. Sin embargo, la alegría se truncó cuando una avioneta que acompañaba a la comitiva rozó unos cables de alta tensión y cayó sobre el público, matando a 20 personas y dejando más de 100 heridas. A raíz de la inundación, se acometieron obras para transformar la relación de la ciudad con sus cauces, como la canalización del Tamarguillo y la mejora del sistema de drenaje. Hoy en día, la ciudad de Sevilla ha aprendido a convivir con el riesgo fluvial y ha implementado mecanismos de alerta temprana para prevenir desastres similares. La inundación del 61 es recordada como un momento clave en la historia de la ciudad, que cambió la forma en que los sevillanos se relacionan con su río. La Operación Clavel es un ejemplo de la solidaridad y la generosidad de la ciudadanía en momentos de crisis. La ciudad ha seguido creciendo y desarrollándose, pero siempre con la memoria de la inundación del 61 como un recordatorio de la importancia de la prevención y la preparación.