La generación Z se enfrenta a una serie de dificultades para alcanzar la vida adulta, incluyendo la inestabilidad laboral, la falta de acceso a la vivienda y la ansiedad. En España, el 70% de los jóvenes que trabajan sigue viviendo con sus padres, y la edad media de emancipación supera los 30 años. Los alquileres en ciudades como Madrid o Barcelona son prohibitivos, con un costo de más de 600 euros al mes. La generación Z está más formada que la media europea, pero se enfrenta a un mercado laboral que no recompensa su preparación. La desigualdad entre generaciones es evidente, con los mayores de 75 años habiendo duplicado su riqueza neta entre 2002 y 2022, mientras que los menores de 35 han perdido cuatro quintas partes de su patrimonio. La crisis de 2008 fue un punto de inflexión, pero la recuperación no ha alcanzado a los jóvenes. La generación Z siente que la vida adulta ha llegado rota, con una mezcla de frustración, ansiedad y fatiga. Según un informe, la generación Z es la más afectada por la depresión y la ansiedad, con factores como la incertidumbre sobre el futuro, la inestabilidad laboral y la soledad.