Japón enfrenta una crisis demográfica con una pérdida de casi un millón de habitantes en un año. En 2024, nacieron solo 686.061 bebés y murieron casi 1,6 millones de personas. La población envejece rápidamente, con el 30% de la población por encima de 65 años. El gobierno ha implementado medidas como guarderías gratuitas y horarios laborales más flexibles, pero los resultados no han sido efectivos. La inmigración es una solución parcial, con un récord de 3,6 millones de residentes extranjeros, pero sigue siendo un tema delicado. La baja natalidad y el envejecimiento de la población ponen en tensión el sistema de pensiones, los servicios de salud y la economía en general. El primer ministro Shigeru Ishiba ha definido esta situación como una 'emergencia silenciosa'. Se estima que casi cuatro millones de viviendas han quedado abandonadas en dos décadas. Japón se enfrenta a una disyuntiva histórica sobre cómo sostener un país que envejece y se reduce al mismo tiempo.