Francia inició una carrera contrarreloj para recuperar las joyas napoleónicas robadas en el Louvre de París. El mercado negro global de arte robado se activó inmediatamente, y las joyas pueden ser desmanteladas y convertidas en gemas anónimas y oro fundido. La ley francesa impide que el museo reciba indemnización por el robo. El oro supera los 4.000 dólares la onza, lo que ha detonado una ola de robos metálicos en Europa. Los ladrones pueden vender las joyas desmanteladas en el mercado negro, donde una red de receptación se queda con hasta el 90% del valor. Expertos proponen reclasificar el saqueo de patrimonio como terrorismo cultural para endurecer las penas. El Louvre permaneció cerrado tras el robo, y se estima que el coste reputacional y operativo es inmediato. La única ventana para rescatar el patrimonio es el intervalo brevísimo entre el golpe y el despiece.