En 2018, David Lochridge, un técnico escocés con décadas de experiencia en operaciones marítimas, alertó sobre graves deficiencias en el diseño, materiales y seguridad del sumergible Titán. Fue despedido después de presentar su informe a la directiva de Oceangate. Años después, en 2023, el Titán implosionó en el Atlántico Norte, causando la muerte de cinco personas, incluyendo al director general de Oceangate, Stockton Rush. El informe de la Guardia Costera de Estados Unidos confirmó que fallos en la construcción, mantenimiento y certificación del Titán fueron factores clave del desastre. Lochridge había intentado frenar el proyecto desde dentro, pero sus advertencias fueron ignoradas. El caso ha generado críticas hacia Oceangate y las autoridades por no haber actuado con la rapidez y contundencia necesarias ante la denuncia de Lochridge. La tragedia ha llevado a un cambio en la forma en que se gestionan las denuncias dentro de la industria tecnológica y de exploración extrema.