Una madre australiana experimentó minutos de terror cuando fue a buscar a su hijo de un año a una guardería en Bangor y comprobó que no estaba allí. La guardería no se había dado cuenta de que el niño se había marchado. Después de revisar las cámaras de seguridad, se descubrió que un abuelo había llevado a casa al niño equivocado. El abuelo había entrado en la habitación donde los niños dormían, había recogido al que creía que era su nieto y se lo había llevado sin que nadie se diera cuenta. La madre criticó el descontrol de la guardería, ya que no pudieron darle la identidad del abuelo. Un antiguo trabajador de la guardería aseguró que el centro depende en gran medida de personal eventual y temporal, con una alta tasa de rotación de trabajadores, lo que hace que sea un lugar caótico y desastroso. La madre no culpa al abuelo, sino a la guardería. La investigación apunta a grandes deficiencias en los centros educativos infantiles de Australia.