La comida frente a una pantalla se ha convertido en un ritual social moderno, donde la pantalla es el acompañamiento principal. Esto ha llevado a una situación en la que la comida se considera un tiempo muerto que debe ser optimizado, y la pantalla nos permite seguir consumiendo información y entretenimiento mientras comemos. La comida compartida ha sido durante milenios el pegamento social fundamental, pero ahora se ha reemplazado por la pantalla. Los productos alimenticios se diseñan para el consumo unipersonal y unimano, y las apps de delivery han perfeccionado el arte de la gratificación solitaria. La incomodidad cuando alguien come solo sin pantalla en un espacio público es un reflejo de nuestra propia incapacidad para estar solos. La paradoja es que nunca hemos estado más conectados y nunca hemos comido más solos.