El verano es una época en la que el lobby taurino intenta atraer a niños y adolescentes a la tauromaquia a través de campamentos de verano y novilladas financiadas con cientos de miles de euros por administraciones como la Junta de Castilla y León, la Generalitat Valenciana o el Gobierno de Extremadura. Estos campamentos incluyen actividades como el acceso gratuito de menores de 14 o 18 años, encierros 'chiqui', trashumancias de bueyes y simulaciones. En Sevilla, se organiza un 'campus de toreo' para menores que incluye un tentadero, donde los niños pueden maltratar a animales en vivo y en directo. La tauromaquia se ha convertido en una bandera de la llamada batalla cultural y ha sido criticada por el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas, que en 2018 recomendó que el Estado prohíba la participación de niños menores de 18 años como toreros y espectadores en corridas de toros. A pesar de esto, el contexto no ha mejorado y el lobby taurino sigue influyendo en la política.