Corea del Norte mantiene una red de trabajadores informáticos encubiertos que operan desde el extranjero para financiar al régimen de Kim Jong Un. Estos trabajadores utilizan identidades falsas, operan desde países aliados y desvían sus salarios a Pyongyang. El esquema incluye la infiltración en sectores clave como defensa, inteligencia artificial, blockchain y desarrollo web, con el objetivo de generar ingresos que pueden superar los 300.000 dólares anuales por persona. La expansión incluye Europa, después de que Estados Unidos endureciera los controles. El FBI y otras agencias de seguridad han emitido guías para detectar estos fraudes, que incluyen solicitudes de entrevistas solo por texto o voz, cambios frecuentes en métodos de pago y cuentas sin foto o sin historial comprobable.