Las consolas actuales son más caras ahora que en su lanzamiento, lo que supone un cambio en la tendencia histórica del sector. La PS5, que inicialmente costaba 499 dólares, ahora cuesta 549 dólares, mientras que la Xbox Series X ha pasado de 499 a 599 dólares. La Xbox Series S, que inicialmente costaba 299 dólares, ahora cuesta entre 380 y 429 dólares. Esto se debe a la búsqueda de nuevos segmentos del mercado y a la apertura de servicios en línea más abiertos y menos exclusivos. La falta de exclusividad en el futuro de los videojuegos también es un problema para las consolas. Las previsiones de ventas ya se han cumplido y Nintendo está destrozando todos los registros, lo que no incentiva a reducir los precios. La inflación y la búsqueda de potencia y apertura de miras en el software también influyen en el aumento de precios.