El autor del artículo ha utilizado su Galaxy como consola durante una semana, probando Remote Play y Game Pass Ultimate. Con una conexión estable de 1 GB y WiFi de 5 GHz, las partidas se cargan limpias y sin problemas. El mando marca la diferencia en la experiencia de juego, permitiendo un control más preciso. Aunque hay limitaciones, como el lag y la dependencia de la conexión, la tecnología ha mejorado y la latencia se mantiene en un rango asumible. El autor también ha probado juegos sin nube en Android, encontrando títulos como Grand Theft Auto y Yakuza que ofrecen una experiencia de juego satisfactoria. Después de una semana, el autor concluye que el móvil no reemplaza a la consola del salón, pero sí la complementa de forma digna, permitiendo jugar en momentos y lugares donde antes no era posible.