En los años 80, el cine de terror japonés se destacó por su realismo sangriento. La saga 'Guinea Pig' de Hideshi Hino generó polémica, especialmente 'Guinea Pig 2: Flower of Flesh and Blood', que simulaba un asesinato real. En 1991, Charlie Sheen vio la película y creyó que era un asesinato real, lo que llevó al FBI a investigar. La investigación se centró en la producción y distribución del film, y se confiscó la cinta. Sin embargo, un documental del making of mostró cómo se habían hecho los efectos especiales, lo que convenció a las autoridades de que no se trataba de un crimen real. En Japón, la policía de Fukagawa también investigó la posible conexión con un asesino serial, Tsutomu Miyazaki, que había sido detenido en 1989. La película había sido concebida para parecer 'snuff', y su realismo había generado una gran polémica. La investigación del FBI y la policía japonesa finalmente concluyó que no se trataba de un crimen real, pero la película siguió siendo un tema de debate.