En la época dorada de Nintendo 64, los videojuegos de Rare se caracterizaban por incluir secretos y guiños. Perfect Dark destacó por su apartado técnico y jugabilidad, y también por ocultar un curiosidad en múltiples rincones, como un trozo de queso en cada nivel. Estos trozos no servían para nada, ni siquiera se podían recoger. Formaban parte de una idea originalmente planeada para desbloquear trucos o recompensas, pero se decidió que sería más divertido obtenerlos completando objetivos dentro de un tiempo límite. Rare mantuvo los trozos de queso como un guiño interno, una broma privada del equipo. Perfect Dark se lanzó con esta curiosidad, que se convirtió en una especie de reto para los jugadores más observadores. Aunque no servían para nada, los trozos de queso se convirtieron en una parte del decorado de cada nivel. La decisión de mantenerlos se debió a que añadían un toque especial a cada fase, aunque no tuvieran un propósito práctico. En resumen, los trozos de queso en Perfect Dark son un ejemplo de cómo un detalle aparentemente inútil puede convertirse en una parte interesante de un videojuego.