El T-Rex de Jurassic Park medía 11 metros de largo y 5,5 metros de alto, y era una máquina hidráulica que parecía un autobús cuando se movía. Sin embargo, tenía un punto débil en el agua, ya que si se mojaba comenzaba a fallar. Durante el rodaje, el equipo descubrió que la lluvia hacía que la piel de goma-espuma del T-Rex absorbiera agua, lo que desajustaba las calibraciones y hacía que la máquina temblara. El productor John Rosengrant y la productora Kathleen Kennedy recordaron que el T-Rex a veces tenía espasmos y cobraba vida de repente, lo que les daba un susto tremendo. El equipo tuvo que usar toallas y secadores para tratar de secar la máquina y evitar que fallara. La película se estrenó hace más de 25 años y sigue siendo un clásico de la cinematografía. El T-Rex sigue siendo uno de los dinosaurios más icónicos de la historia del cine.