Scott Derrickson y C. Robert Cargill han creado una secuela de Black Phone que retuerce los cánones del universo original. La película, estrenada en 2025, tiene un componente sobrenatural más fuerte que la original y presenta un nuevo enfoque en la naturaleza del personaje de Ethan Hawke, el Grabber. Aunque la trama puede ser un poco predecible y el uso de saltos entre sueños y realidad puede ser confuso, la dirección de Derrickson y la fotografía de Pär M. Ekberg hacen que la película sea visualmente impresionante. La película no es perfecta, pero es una sorpresa agradable en la era de las secuelas y reinicios. La película tiene un ritmo estimable, aunque puede ser un poco lento en algunos momentos. La dirección de fotografía es notable, especialmente en las escenas oníricas filmadas en Super 8, que tienen una textura táctil y un gran contraste de colores. La experiencia audiovisual es digna de una sala de cine. La película puede no ser la creación más lúcida de Blumhouse o de Derrickson, pero es una demostración de que aún hay creativos dispuestos a intentar algo nuevo.