Chema Alonso, un experto en ciberseguridad, fue nombrado asesor externo del Comité Técnico de Árbitros, pero duró solo tres semanas en el cargo debido a la presión y la investigación sobre sus vínculos con el Real Madrid. El artículo critica la corrupción en la Liga, especialmente en relación con el caso de Negreira, en el que el Barcelona pagó al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros durante 17 años, un total de 8,4 millones de euros. El autor considera que la Liga es putrefacta y que los clubes consienten la corrupción. El caso de Máximo Huerta, que dimitió como ministro de Cultura y Deportes por un presunto fraude de 218.322 euros, se menciona como ejemplo de la falta de transparencia en el gobierno. El artículo también critica la actuación de los árbitros en un partido entre el Rayo Vallecano y el Barcelona, en el que se concedió un penalti dudoso al Barcelona. El autor concluye que la Liga no puede ser justa mientras no se castigue con dureza al club que pagó a Negreira.