La constructora turca Limak fue la peor valorada en el informe técnico del 28 de diciembre de 2022, con una puntuación inferior a 50 sobre 100, debido a que no pudo justificar los plazos de obra y requería una inversión inicial de 200 millones de euros. Sin embargo, dos días después, el 30 de diciembre, los responsables del Espai Barça otorgaron la victoria a Limak con 74 puntos, destacando su promesa de cumplir los plazos de entrega. La decisión provocó la dimisión de Jordi Llauradó, directivo responsable del proyecto, que consideró el proceso poco transparente. Limak fue elegida pese a no cumplir con varios de los requisitos iniciales del pliego de condiciones, como haber construido un estadio de gran capacidad en Europa o asociarse con empresas catalanas. Actualmente, las obras acumulan 317 días de retraso, aunque el club no ha aplicado las penalizaciones previstas en el contrato, que establecen multas de hasta un millón de euros por día. El proyecto valorado en cerca de 960 millones de euros no estará finalizado hasta la temporada 2027-28. Los responsables del club argumentan que las valoraciones del equipo técnico eran consultivas y no vinculantes, y que la decisión final recaía en la Oficina Técnica y el área del Espai Barça.