La selección argentina ha cambiado mucho desde los tiempos de caos. Hoy son los mejores del mundo y ganarles es difícil. Leo Messi es ídolo unánime en el Monumental y se va a despedir como tal. No siempre fue así, ya que en el pasado era cuestionado por su compromiso con la selección. En 2016, falló un penal en Estados Unidos y se retiró, pero volvió. En 2018, la selección no tuvo un buen desempeño en el Mundial de Rusia. Scaloni tomó el relevo y Messi se enfrentó a la dura realidad de que quizás nunca ganaría un título. Empezó un viaje interno para curarse y fortalecerse. La estabilidad en Barcelona acabó y la Albiceleste disfrutó de su mejor versión. En 2022, Argentina ganó el Mundial y Messi se convirtió en el mejor jugador del torneo. Se despide con el amor unánime de su país y con la sensación de una tarea cumplida. Su nombre está inscrito en lo más alto del Olimpo argentino. La vida es cruel, pero justa. Messi sufrió para alcanzar su máximo anhelo, pero tendrá el final que merece. La generación de Banega, Biglia, Agüero y Higuaín ya no daba para más. Messi lideró a los nuevos y se convirtió en otra cosa. Su vida cambió drásticamente y la estabilidad en Barcelona acabó. La pandemia no impidió que Argentina triunfara en el Maracaná ante Brasil. Messi jugó como si se hubiera quitado un peso de encima. En Catar, dio una de las mejores actuaciones individuales en la historia de los Mundiales.