Shohei Ohtani firmó una actuación histórica el 17 de octubre, conectando tres home runs solitarios y lanzando seis entradas sin conceder carrera, con diez eliminados por la vía del strike, en la victoria de Los Ángeles Dodgers frente a Milwaukee Brewers por 5-1. Ohtani venía de superar una compleja cirugía en el hombro izquierdo y una segunda intervención en el ligamento del codo. Su regreso en junio no fue perfecto, pero mantuvo la ambición de recuperar la doble faceta que lo define. Antes de ese partido, su rendimiento ofensivo en los playoffs generaba dudas, bateando para .158 en nueve encuentros. Sin embargo, Ohtani demostró su talento y disciplina, logrando una gesta que redefine la historia del deporte. Sus compañeros fueron testigos de una demostración que, en palabras de Dave Roberts, 'nadie había visto antes'. Mookie Betts añadió que 'Ohtani hace que todo lo imaginable quede pequeño', mientras Max Muncy comentó que esperaba poder contar a sus hijos que vio 'el mejor partido en la historia del béisbol'. Ohtani ha hecho de lo excepcional su forma de competir, una singularidad que ha borrado las fronteras clásicas entre lanzador y bateador y multiplica su dimensión histórica.